Chonito ta intenso, ta sensual. En esta historia cuyo número de páginas está entre tres y seiscientas, aprenderemos mucho sobre la vida y obra de Chonito, alias… el muy húmedo.
Por Juanele, alias el muy tropical.
Elenita y yo trabajábamos muy apaciblemente cuando comenzó todo. Ruidos de sierras eléctricas, troncos pesados cayendo y varios hombres gritando instrucciones a su compañero, que sin lentes ni guantes se encargaba de cortar y cortar ramas. El viejecito odioso que vive frente a nosotros había logrado por fin que se cortara el árbol cuyas raíces, decía, amenazaban con tirar su casa. Estaba tan contento el viejito que poco hacía por ocultar su felicidad.
Yo más bien me sentí triste. Era una tala autorizada y sabíamos que vendrían a cortar el árbol, pero es triste tener un árbol menos en esta ciudad que más bien requiere muchos más. Necesitamos de los árboles para vivir, pues nos proveen de oxígeno y limpian la contaminación del aire. Pero por si esta lección de biología que usualmente aprendemos en la escuela primaria no fuera suficiente, hay muchas razones más para querer que haya árboles a nuestro alrededor.
Una de esas razones es el control de la temperatura ambiental. Las ciudades se cubren cada vez más de cemento y concreto, pues mucha gente confunde la idea de progreso y civilización con tener todo cubierto de cemento. Es necesario tener caminos pavimentados pero al cubrir absolutamente todo, la luz solar se refleja en lugar de absorberse en la tierra, subiendo hasta 9°C la temperatura, lo cual es mucho. Podríamos tener un clima más fresco si se plantaran más árboles y se dejara más tierra expuesta sin pavimentar.
En la foto: El progreso en todo su esplendor. Fuente: Wikimedia
Una buena temperatura ambiental hace bien a la salud física, pero tambié nuestra salud mental mejora cuando hay más árboles a nuestro alrededor. Los parques, las áreas verdes, los árboles en las banquetas nos regalan serenidad y alegría, gusto y relajación, felicidad y productividad. Las personas que viven en ciudades con muchos árboles y áreas verdes viven mejor. Y sin embargo, en esta ciudad de México, son muchos los árboles que se cortan y que nunca se reponen por nuevos. ¿Cuánto tiempo estará el muñón que quedó del fresno frente a la casa del viejito? Mientras no se quite, no se podrá plantar un nuevo árbol ahí.
Me apasiono, pero entiendo también las razones del viejito de enfrente. Muchos árboles cuyas raíces crecen demasiado, causan daños al drenaje, a las casas, a los cables de teléfono y de luz. Principalmente los Ficus, los enormes árboles de Hule, las Jacarandas, los Eucaliptos que se caen a la menor provocación, o los Fresnos como el del viejito. ¿Qué se puede hacer entonces para convivir con los árboles sin que nos hagamos daño unos a otros? ¿Poner más parques y ahí plantar todos los árboles, dejando las banquetas pelonas?
Podrí ser, pero yo no veo a las autoridades preocupadas por poner más parques. En los últimos diez años, en la ciudad, he visto construirse decenas de nuevos edificios de departamentos mal hechos y excesivamente sobrevaluados, pero ningún parque nuevo. Muchos áboles tirados porque estorban las exageradamente largas entradas de coches de los nuevos edificios, pero ningún ábol plantado para reponer los anteriores. ¿Y acaso esos nuevos edificios tienen áreas verdes en su interior? Claro que no, si en ese espacio caben otros cincuenta departamentos, no hay que ser desperdiciados. No parece que vayamos a tener nuevos parques, entonces hay que aprovechar las banquetas.
Yo creo que los problemas que causa un árbol en la ciudad no son debidos al árbol, sino a que estaba plantado en un mal lugar por personas que no sabían qué tipo de árbol era ni qué tanto iba crecer. Creo que una buena opción para llenar nuestras banquetas son los árboles frutales: duraznos y limones, naranjas y guayabas, peras y aguacates. Los árboles que dan estos frutos son medianos, requieren pocos cuidados, dan sombra y oxígeno, y sus raÃíces no dañan las banquetas. Además ¡dan alimento gratish!

Ahora sólo falta un árbol de escaleras para que todo sea perfecto. Fuente: localecology.org
En nuestra ciudad nos hacen falta los árboles, de eso no hay duda, pero hay que saber plantarlos en el lugar correcto. Los árboles grandes necesitan espacio, así que los parques y camellones son buen lugar para ellos. Los árboles frutales y las plantas caben bien en las banquetas, donde con un metro cuadrado tienen suficiente para crecer bien y no dañan nada con sus raÃíces.
Me gustaría pensar que si en lugar de un fresno hubiera habido un durazno enfrente de la casa del viejito, el árbol seguiría en pie. Pero no creo, porque junto a ese fresno había un Trueno, un tipo de árbol mediano que no da lata pero hace tiempo, el viejito también lo mandó cortar. Ahora que lo pienso, ya no sé si de verdad le estorbaban o quería tener su ventana despejada para que todos lo vieran mientras se cambia en la noche con la cortina abierta y la luz prendida… Sí lo hace… y es asqueroso… guacalash.
Hay mucha gente como este viejito, lo malo es cuando ocupan sitios de poder donde sus decisiones tienen un efecto mucho mayor. Y me refiero a lo de los árboles, no a su exhibicionismo… ejem… en fin… Nuestras enormes ciudades no sobrevivirán a menos que se conviertan en ciudades verdes, combinación de ciudad y campo. Pidamos a nuestras autoridades y hagamos nosotros una ciudad llena de árboles, jardines verticales, pequeñas hortalizas en azoteas, y tantas otras cosas que no son una moda ecológica, sino algo que necesitamos para vivir. Eso es el progreso, el buen vivir que ni todas las banquetas pavimentadas o viejitos encuerados del mundo nos podrían dar.
Y ya para terminar, algo de poesía sin viejitos encuerados.
Les muestro la promoción que traigo a la venta: Patote a $120 + 10 de envío, Moquito a $120 +$10, Banquete a $150 + $10 o los tres por $300 (+10 de envío)!! Solo tiene que depositar en la cuenta de Scotia Bank No. 00 1033 067 98 a nombre de Juan Manuel Ramírez de Arellano, mandarme el recibo de pago a tamalito @ gmail.com junto con su dirección postal, y le mandaré sus comics por correo, firmados, autografiadosh y con harta sorpresa! AnÃmense, para que el monero, o sea yo, deje de comer periódicos viejosh!
